El borde que impide que un pavimento se abra. Confinamiento para adoquinados, pastelonados, jardines y estacionamientos.
La solerilla es un elemento de confinamiento: un borde firme que contiene lateralmente un pavimento, un área verde o una vía. Se ve discreta, cuesta poco frente al total de la obra, y es lo que decide si el pavimento que está al lado dura o se desarma.
Es la partida que más se elimina cuando hay que ajustar un presupuesto, y la que más caro sale haber eliminado.
Un pavimento modular —adoquín o pastelón— funciona porque sus piezas se aprietan entre sí. Ese apriete depende de que el conjunto esté contenido.
Sin borde, las piezas del perímetro se desplazan hacia afuera con cada carga que pasa. Las juntas se abren, entra material, se pierde la trabazón, y el movimiento avanza desde la orilla hacia el centro. El pavimento no falla de golpe: se abre de a poco, siempre empezando por los bordes libres.
Cuando veas un adoquinado con las piezas de la orilla corridas y las juntas abiertas, mira el borde. Casi siempre no hay ninguno. Ese pavimento se va a seguir abriendo, y arreglarlo ahora cuesta bastante más que haber puesto la solerilla al principio.
Estructural. Se ve como una terminación prolija, y lo es, pero su función real es contener el empuje lateral del pavimento.
Un adoquinado o un pastelonado sin confinamiento se abre por los bordes. La solerilla es lo que impide que eso pase.
Se puede, pero es más caro y menos efectivo. Hay que levantar las piezas del perímetro, excavar la zanja, instalar la solerilla y reponer.
Si el pavimento ya se abrió, además hay que recuperar la alineación de las piezas desplazadas. Por eso el confinamiento va antes de colocar el pavimento, no después.
Se excava una zanja continua en el perímetro, se coloca la solerilla sobre un dado de hormigón y se respalda con hormigón por el lado exterior. Ese respaldo es lo que aguanta el empuje.
La alineación se controla con lienza, porque una solerilla torcida se nota desde lejos y el pavimento la copia.
Sí, es uno de sus usos más comunes en jardines. Define un borde firme entre el área verde y la zona pavimentada, evita que la tierra invada la vereda y le da al jardín una línea limpia.
En ese uso la exigencia estructural es menor, pero la pieza es la misma.
Es el perímetro de la superficie que vas a pavimentar, descontando los tramos que ya estén confinados por un muro, una fundación o un sardinel existente.
Si nos das las dimensiones del área, lo calculamos contigo al cotizar.
Dinos los metros lineales de borde, o las medidas del área, y en qué comuna estás. Te respondemos con el valor.
Cierre perimetral en placas de hormigón vibrado, montadas entre postes.
Pavimento modular para patios, veredas y accesos peatonales.
Pavimento entrelazado para accesos vehiculares y zonas de carga.
Albañilería de hormigón para muros divisorios y estructuras.